HAMBRE EN VENEZUELA

Publicado: 22 julio 2015 en General

LAS COLAS NUESTRAS DE TODOS LOS DIAS

   Lo que viene hará parecer a estos como “los tiempos buenos”.

   Hambre, un feroz mercado negro y peligrosas mafias favorecida desde el poder, eso es lo que se viene sobre Venezuela, una otrora tierra de gracias, que nada sobre un mar de petróleo, con doce años de precios petroleros por encima de cien dólares por barril (que le permitió a árabes y noruegos juntar casi novecientos mil millones de dólares en excedentes), ahora arruinada en manos de los socialistas en menos de dieciséis años. Como no hay real para sobornar electores, como ya arruinaron toda las tiendas con el dakazo del año pasado, como se robaron todo lo que había en las reservas y ya no hay cómo traer nada más después de que persiguieron y destruyeron la producción nacional, en vísperas de las parlamentarias al régimen no se le ocurre otra genialidad para hacer campaña que obligar a los pocos productores independientes a que les “vendan” en exclusividad (compran o expropian pero no pagan), el cien por ciento de sus productos, en algunos rubros como la leche en polvo, aceites, harinas precosidas, para que se vendan únicamente en los establecimientos con el logo del régimen (en la Biblia eso era un símbolo diabólico).

   Con ello se busca controlar a la gente por miedo al hambre y se finge que están haciendo algo, como garantizando la alimentación de sus “electores”. Milagro con escapulario ajeno. A pesar de las azucareras en las que han botando real como arroz, de nacionalizar Aceite Diana, de echarle mano a Camprolac, nada, absolutamente nada produce el Gobierno y ahora necesitan robarse lo que hacen los otros para mostrarlo como un logro. En un país agobiado por la escasez, por las infernales colas, ahora los puntos de ventas a nivel nacional, para que la gente compre se reducen de ciento catorce mil locales privados surtidos por CAVIDEA, a poco más de siete mil de las redes públicas. Siete mil puestos de ventas, siete mil, para todo un país de más de treinta millones de consumidores. Ya imaginarán lo que ocurrirá.

   De desastre en desastre, de necedad en necedad, pretenden que engañarán al país con otra medida circense, en lugar de ponerse a trabajar y desmontar la horrible nomenclatura del partido, cuya sola existencia es el cáncer que nos hunde en esta miseria. Aseguran que hay dos dizques economistas que han sugerido tal imbecilidad, uno español y otro venezolano, socialistas marxistas, que le dicen a Nicolás Maduro Moros que todo está perfecto en materia económica, que controlando la distribución derrotaran al capitalismo, porque todavía la caen a cuentos, que este desastre no es por todas las locuras cometidas sino porque hay grupos económicos que sabotean. Es la típica respuesta de los ineptos del marxismo, tratar con paja doctrinaria, una que arruinó a los países por donde pasó comenzando por la misma Unión Soviética, a un problema real: la falta de alimentos, medicinas y repuestos varios. Claro, la brutal medida no afectará a Nicolás Maduro Moros, a los diosdadocabellos o a las maripilishernandez del régimen, que ya deben estar justificando esa locura, en este momento, para mañana más tarde renegar de ello, como hacen ahora con el problema del Esequibo, que le aplaudieron a Hugo Rafael Chávez Frías cuando en la capital de Guyana les permisó que hiciera lo que les diera la gana y ahora hablan paja de los imperios.

   Para aquellos que no comen paja y que con dos dedos de frente le bastan para sacar cuentas, está claro lo que llegará, que ahora si en un local las colas son de horas, de quinientas o mil personas, mañana serán de días, de quinientas mil o un millón de personas, si no más; treinta millones deberán buscar alimentos en poco más de siete mil puestos de ventas. Eso enriquecerá a los de siempre, a los que contrabandean gasolina con Colombia (para lo que les quitaron el control de las alcabalas a los gobernadores, para cuadrar entre camaradas), pero al país no le quedará nada bueno. Lo que viene será el caos total, la desesperación completa, la violencia física cuando el hambre como tal comience a atormentar los estómagos y las vidas. El hambre mondo y lirondo en un país que recibió la más colosal fortuna en dólares por excedentes de los precios en toda su historia.

   A eso nos llevó, en dieciséis años, un régimen brutal, inepto, corrupto y fascista que persiguió, encarceló, exiló y torturó a quienes se quejaron, despreciado ahora por medio mundo, recibiendo como único apoyo las declaraciones de patéticos organismos como MERCOSUR, que grita a coro, así, así es como se hace para nunca dejar el poder. Vaya consuelo.

Julio César Quevedo.

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