EL CONTRALOR GENERAL CONTRA MARIA CORINA MACHADO, ¿QUIEN PIERDE?

Publicado: 18 julio 2015 en General

MANUEL GALINDO BALLESTEROS

   -Nosotros lo que más odiamos es la corrupción. –y estallan las carcajadas atrás.

   El Gobierno no aprende, o ya no puede hacer nada más. Ya salió la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, a gritarle a alguien en el Norte que se calle y no se meta en cosas de los venezolanos cuando ella todavía estaba opinando sobre lo que los griegos tienen que hacer con sus vidas (si ella se mete no es entrepitura, es cuando se meten otros con ella, es revolucionaria de izquierda). Mientras la señora Rodríguez todavía no ha explicado por qué hay tantos delincuentes foráneos, con prontuarios y todo, nacionalizados, cedulados y ahora los llaman paramilitares, o por qué destituyen alcaldesas en la frontera porque se oponen al narcotráfico o cómo fue que Guyana montó todo un lobby de empresas para sacar petróleo de la Zona en Reclamación sin que ella o el Gobierno se enterar (ni siquiera por Brasil o por China, que también tienen las manos en el guiso), ya pierde tiempo fingiendo que se molesta con una funcionaria norteamericana porque esta alega que si se van a tomar medidas morales contra gente que se postula para diputado, estas tienen que ser iguales para todas, que si alguien tiene cuentas que explicar no le pueden aplicar un rasero únicamente dirigido para sacarles de la carrera mientras a los del gobierno se les perdona toda vagabundería y tracalería. Ese llamado a reglas paritarias, a la canciller le dio fuuuuuria, mucha fuuuuuria; de lo que tiene que encargarse, de eso si no se encarga. A lo mejor es por la fuuuuuria. Y ese es el drama, después de dieciséis años, todo el poder para hacer lo que les dio la gana (y lo hicieron por loco o ridículo que fuera), y una cuantiosa entrada de divisas por conceptos petroleros (ni los conquistadores robaron tanto como ellos), Delcy Rodríguez y su gente sólo pueden presentar miseria, hambre, violencia y habladera de paja. Mucha paja loca que no llena la nevera ni puede inyectarse para controlar la tensión arterial. Como no engañan a nadie, como nadie les sigue ya, como no tienen quien vote por ellos, como la gente les tiene asco, como ya ni fingiendo patriotismo y llamando a defender lo que aplaudían cuando el difunto Hugo Rafael Chávez Frías regalaba, ahora quieren ganar las parlamentarias sacando de competencia a sus oponentes, y para eso utilizan a unos de esos funcionarillos de tercera dentro del Partido, el Contralor General de la República, Manuel Galindo Ballesteros.

   Son de una necedad tal, la señora Rodríguez y el señor Galindo Ballesteros, que ni siquiera entienden que eso molesta a su gente y que de nada servirá; ese circuito no lo ganan ni sacándole más huesos al sepulcro de Bolívar para más brujería. ¿Acaso no fueron derrotados feamente en aquellas alcaldías donde inconstitucionalmente defenestraron a sus alcaldes legítimamente electos, en juicios que ahora no saben cómo silenciar alrededor del mundo por lo mal que quedan con el tono fascista a la Italia de los veinte del siglo pasado? ¿No los batuquearon contra el piso, no les escupió la gente allá, no rodaron con la lluvia hacia las cunetas? Al menos que sea por las manías que últimamente parecen consumir al presidente del Parlamento, que aunque sepa que ese curul está perdido, no dejará que ella regrese, por voluntad popular, de donde él la sacó valiéndose de la fuerza de las bandas armadas alrededor de la asamblea y el temor de las fichas políticas en el CNE y el Tribunal Supremo de Justicia. Diosdado Cabello parece odiarla por capaz, por decente, por no ponerse a bailotear de nervios o con ganas de agradar como perro zalamero, o no mearse encima cuando los Castro arrugan las caras (con todo el trabajo que les cuesta a los viejos sátrapas). Al menos que sea por eso, no se entiende el ñemeo del Contralor General, él, un hombre que ha permitido el colosal saqueo que produjo esta hambre que ahora se abate sobre Venezuela. Y de la cual no halla a quien echarle el muerto.

   Da pena ajena cuando uno escucha al Contralor Genera explicar que no es una trampa electorera el inhabilitar a la señora María Corina Machado por un año, a seis meses de unas elecciones, cuando ha tenido años en el cargo para investigar algo y ejecutarlo mucho antes, Dios no permita la gente crea semejante maldad. Años de no hacer nada y ahora sale con esa necedad (de explicaciones), justo ahora. Con razón al Gobierno le va como le va. Con el agravante de que enfoca la atención sobre su persona, quien de Procurador General, que en tiempos fascistas es decir el abogado del Gobierno no de Venezuela, le nombran Contralor saltándose todos los pasos legales para su nombramiento; es decir, que de defensor del Gobierno pasó a “fiscalizar” lo que hacen quienes le montaron en ese cargo violentando la ley. Es patético cuando habla de unos pagos recibidos que la señora Machado no declaró, con aire ampuloso para que cajas de resonancias de cualquier barbaridad, como lo es TELESUR, no tengan que aclara que no la sacan por pilla sino que la quiere sacar del juego electoral por unos cesta tickets que él dice que la señora cobró y no declaró. Y dice él que los recibió sin decláralos, pero sin presentar los recibos firmados por la señora (cosa difícil cuando a la Fiscal la pillaron falsificando papeles en una comparecencia internacional); tickets que María Corina sostiene que no recibió, y en una Asamblea manejada por el señor Diosdado Cabello todo puede pasar, hasta que “se pierdan”. Es la manera fascista, a la italiana de los años veinte del siglo pasado, como acusan ellos a todo el que les estorba, y quien señale algo al respecto es un conspirador, si está en Venezuela, y si es afuera, asombrados por el disparate de ese pequeño grupo que tomó para sí todas las instancias de la sociedad, “es parte de una conjura internacional que se inmiscuye en los asuntos de Venezuela”, como si en Venezuela un acusado de cualquier cosa por sujetos como ellos pudiera, de verdad, encontrar justicia o en la Fiscalía General o en el Tribunal Supremo de Justicia, dos instituciones secuestradas y usadas de manera de haría sonrojar a los camisas negras de la Italia fascista de los veinte del siglo pasado.

   Cincuenta dólares es el monto por el cual el pobre sujeto se raya intentando acabar con la competencia electoral de su partido; para eso lo nombraron. No es Contralor, es otra ficha política para sancionar a los adversarios políticos, para inhabilitarles o encarcelarles, como lo era el difunto Clodosbaldo Russián, o Ruffián, como también se le conocía, un señor que hizo tanto mal, pero tanto, que ni su deceso nos permite disculparle –después de ayudar a destruir el sistema sanitarios venezolano encubriendo corruptelas, se fue para una buena clínica en el exterior al caer enfermo, esa en Cuba donde atienden a ricos y famosos que luego salen a habla paja de la revolución). Por cincuenta dólares en cesta tickets, sin haber presentado un papel firmado donde conste que se pagó, el Contralor inhabilita a la señora María Corina Machado a seis meses de unas elecciones, eso cuando hace dos años el zar revolucionario de las finanzas, ese anciano decrepito e ignorante (en toda su vida leyó un sólo libro recién impreso, hace cien años, El Capital), Jorge Giordani, acusó al chavismo de montar compañías de maletín para estafarle al país veinticinco mil millones de dólares, asunto del que se desentendió él, como Contralor. Y ni hablar de los desparecidos casi novecientos mil millones de dólares que debería haber reunidos en algún fondo por los excedentes del precio petrolero, que Arabia Saudita y Noruega si lograron juntar. Todo eso se perdió ante su mirada cómplice y complaciente, pero lo que se dice todo, el saqueo fue a dos manos y él no vio nada, y ahora están rematando PDVSA con los socios del Norte, de quienes hablan paja pero no cortan relaciones. Ese señor que se auto denomina Contralor General de la República, después de permitir todo eso, miles de millones de dólares robados por la gente que los cuidaba en PDVSA y El Banco Central de Venezuela (es decir, el Gobierno), ahora sale a montar una cómica por cincuenta dólares, y si alguien habla de la cómica que está montando porque sus jefes políticos se lo ordenan, entonces es porque se está conspirando contra las instituciones o alguien de afuera se inmiscuye como dice la desacertada y lamentable canciller venezolana. Quién todavía no ha presentando una lista de las compañías y países que tienen las manos metidas en el negocio del Esequibo, pero habla paja. ¡Y con una fuuuuuria!

   Es el panorama, ya no queda sino la trampa idiota, el delito rampante ante la complicidad de unas instituciones sometidas a la bota del fascio y la habladera de paja, la mucha, mucha habladera de paja para intentar asirse al poder. En eso terminó todo ese poder económico y de multitudes que parecía duraría para siempre, en una cueva de ratones malamañosos que sólo saben de triquiñuelas.

Julio César Quevedo.

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