Actualmente un grupo numeroso de estudiantes venezolanos, y de otras personas, sostienen una de las protestas más duras: una huelga de hambre. Y no piden que destituyan al Presidente de la República o que se investigue la escandalosa corrupción en Barinas, tan sólo libertad para los presos políticos de Hugo Chávez, esa gente encarcelada y padeciendo por su real gana. A esta protesta le han salido voces airadas de reclamo.
Sorprende la del Partido Comunista de Venezuela que tilda a los jóvenes de ganado arreado por el Imperio. Ellos, que de tanta juventud liceísta se valieron en los setenta para sus manifestaciones. “Antes era bueno. Ahora es malo porque nos protestan a nosotros en el poder”, se dice el PCV, sin rubor ni vergüenza. No es extraño, hace sesenta años no vieron los tanques rusos aplastando gente ni la cruda dictadura comunista en la ex Unión Soviética, ahora tampoco ven razones de descontento. Por ello jamás llegaron a nada, y los pocos comunistas de corazón que quedaban (no los que cobran de la teta del Estado, los comunistas clientelares), se acabaron. Era lógico, no hubo renovación intelectual ni moral. Hasta el difunto señor Machado renegaría de tantos crápulas, tal vez inscribiéndose en AD.
Por su parte, la ministra de Educación, Maryann Hanson, también sale a la palestra. Con comentarios infelices, porque, aparentemente, en el Gobierno no hay quien coordine dos ideas que medio sirvan. Estalla la mujer: Esos muchachos deberían estar estudiando y no metiéndose en política. Argumento parecido al del canciller Nicolás Maduro, la plana mayor del régimen y del mismo PCV. No importa que Hugo Chávez se quiera meter a economista quebrando a la nación, o a constructor dejando caer viaductos y ordenando robar casas ajenas para ocultar su fracaso. Él sí puede hablar de lo que le da la gana y meterse a brujo sin conocer las hierbas. Los demás no, o se convierten en apátridas.
Para desgracia de la patética ministro, Hanson, y del PCV, hoy mismo salió una sentencia “judicial”, una de esas sólo vistas antes en la Alemania nazi, que otorga al Gobierno la potestad de adoctrinar y politizar a los niños desde la escuela, con las llamadas Guerrillas Comunicacionales (nombre dado por ellos, no es que lo estoy inventando yo). Y la pobre ministro, así como el deforme y aberrado PCV, guardan silencio. ¿Pueden o no los jóvenes meterse en la política y opinar sobre lo político? ¿O sólo un grupo y otros no? ¿O sólo sí es para hablar bien del régimen? Pero sobre todo, ¿los niños pueden hacerlo? ¿Tienen la capacidad de discernir lo que es noticia de propaganda, los hechos de las habladurías y lo que es falso de lo cierto enfrentando una campaña propagandística? No, no lo creo.
Son tan hipocráticas, queriendo fingir ecuanimidad cuando no son más que mercenarios a buen sueldo. Es como digo, qué despreciable es toda esta basura seudo socialista.
JC

