Les encanta que los traten con la punta del pie.
Que manía la del chavismo de hablar y gritar con airecitos de prepotencia, o de que saben lo que dicen, cuando tratan cualquier vaina. Ya les había pasado con la Ley Herodes y la Ley Sapo. Burlándose de medio país hablaban de las virtudes de esa leyes tan sólo para ser humillados y escarnecidos por Chávez en una cadena nacional, denunciando el mamotreto como basura. Algo que todo el mundo sabía excepto, al parecer, ellos. Acaba de ocurrir otra vez. Gente como María de Queipo, arrastrándose a niveles realmente enfermizos (que me perdone, pero era repugnante verla con su rictus de entrega perruna), defendiendo una ley dictada en Cuba, la cual debía implementarse a las universidades autónomas para terminar de controlarlas. Claro, porque si los profesores no creen en el comunismo ni el estudiantado entrega los Centros a los chavistas, entonces hay que arrebatárselos con una trampa.
Esa basura, la Ley de Universidades, la defendían como la octava maravilla del mundo. Qué no dijo la Queipo, de manera casi tan infeliz como Carlos Escarrá, un hombre que no sabe de leyes ni que se escribe con “y”. Los llamados dirigentes estudiantiles chavistas (curiosamente todos cobrando por algún organismo oficial) hablaban de sus bondades, de lo buena que era, del gran adelanto social… y viene Chávez y dice que a semejante porquería no podía dársele el ejecútese. Devolviéndola. Ni siquiera para ser remendada, sino rechazada por inútil. ¿Se suicidó avergonzada toda esa gente que habló tanta paja? ¿Anunció la señora de Queipo el retiro a un monasterio para ocultar del mundo su ignorancia y raztacuerismo? ¿Renunció Carlos Escarrá al Parlamento al comprobarse que no está acto para discutir o proponer leyes? ¿Los líderes estudiantiles llamaron a elecciones anticipada al constatársele su divorcio con la realidad? No, ya andan en la nueva halada de mecate para ver qué consiguen.
Algunos salvarán algo. A la Queipo no le queda nada, como no sea el desprecio de la gente a la que intentó destruir, el rechazo de una universidad contra la que conspiró para entregársela a los cubanos. El justo salario que merece por su traición.
JC
