Dejó pasar la oportunidad de quedarse callado.
Frustrado y resentido porque Venezuela no se comió el cuento inventado por él para perjudicar gente a la que odia, sacando de la cárcel, voto a voto rumbo al Parlamento, a Richard Blanco, Biagio Pirieli y Sánchez “Mazuco”, Chávez le ordenó a sus jueces del terror (mujeres, por Dios, y uno que las consideraba un poquito mejores) que les condenaran, mantuvieran encerrados y les impidieran tomar sus cargos en la Asamblea. Para justificar tamaña aberración, la galería del terror prestó la voz del ex vicepresidente de la asamblea nacional, Darío Vivas, para gritar que las leyes no podían usarse para salvar a gente contra la que pesaban acusaciones de corruptelas y vida licenciosa. ¡Y lo dice un diputado chavista!
La verdad es que fueron declaraciones bastante infelices, como suelen serlas generalmente, sobre todo cuando usan a una juez hija de un secuestrador que vivía de eso, David Nieves, de raptar gente y cobrar rescate, pero sacado de la cárcel rumbo al antiguo Congreso Nacional por los votos de la gente, representado a la izquierda (¿dónde más estaría alguien con semejante prontuario?). Si esos señores indiciados por “la ley” no pueden acceder a sus cargos, ¿como una señora como Luisa Estela Morales, señalada por la justicia y condenada a no acceder a ningún cargo público por sus actuaciones termina siendo presidenta, nada más y nada menos que presidenta, del Tribunal Supremo de Justicia? ¿Entonces, señor Darío vivas? ¿Dónde queda su habladera de paja? ¿Cómo se le pasó el camello por el ojo de la aguja a usted tan decente?
Y la gente, lo nota. Ahora sólo basta que la Oposición deje el temor a llamar al pan, pan, al vino, vino, y al déspota, déspota.
JC
