-Hice como dijiste, no te molestes…
Amaneció y vino. Y vimos. Devaluación, casi al doble, despidos masivos dentro de la administración pública, aumento de impuestos y nuevos impuestos. La receta más salvaje impuesta a un país desorganizado y mal administrado, el ataque de funcionarios ineptos contra la población para intentar conseguir más dinero para sobrevivir. Después de dilapidar en corrupción e incompetencia un millón de millones en dólares y cuadriplicar la deuda venezolana, un Estado arruinado necesita dinero para continuar dando la sensación de fuerza y para seguir comprando voluntades políticas (Lula en Brasil hasta ayer, Santos en Colombia hoy) y piensa sacarlo de los empobrecidos bolsillos de la población. A la ruina económica el régimen suma una represión legalizada para acallar a quienes den a conocer las noticias.
Hugo Chávez intenta darle un cariz de justificación a su salvaje paquete neoliberal alegando que necesitan enfrentar la crisis producida por las lluvias de diciembre (claro, no hay nada en la botija saqueada, y aunque el petróleo en el presupuesto está tazado a cuarenta dólares y el Régimen recibe el doble, no alcanza la plata cuando gente como esta la “cuida”), sin embargo un mes antes de la crisis ya el ministro Giordani hablaba de intensificar los impuestos porque no tenían cómo continuar llevando, el Régimen, su oneroso tren de gastos. Aquí lo único que se duplica son los gastos de tocador de Miraflores y el sencillo para los viajes, a los demás se les niega hasta el aire.
Lo que molesta es toda la paja que habla esta pila de farsantes sobre la política económica de gente como Carlos Andrés Pérez. La ruina a la que condena este salvaje paquete es cuatro veces peor que aquella de 1989, sin la esperanza de que en algún momento habrá “mejoría”, algo que no se puede esperar ahora cuando los hacedores de ruina continúan en sus cargos después de diez años poniendo la torta.
Lo que no se entiende es porqué la Oposición no lo ha denunciado así: se robaron todo, encarcelaron o silenciaron a quien lo denunció y ahora nos quitan lo que nos queda sacándolo de nuestros bolsillos sin esperanza de que no desaparezca también.
JC
