Y dice que espera se cumpla la ley. Qué brios…
Y es que no aprende. Ninguno de ellos. El mundo se horrorizó cuando Hugo Chávez ordenó, temblando de furia, se condenara a la juez Afiuni, por televisión (no que se le investigara, sino que se le encerrara, él ya la había juzgado y condenado) por soltarle un preso político, ahora insiste con el presidente de CONSECOMERCIO, Noel Álvarez. Pero la cosa es dura. Chávez arruinó a Venezuela, y como necesita dinero para comprar cachivaches a sus amigos para que le crean poderoso todavía, y pagar la nómina del estado, pidió fiado y un préstamo a Rusia. Después de despilfarrar un millón de millones de dólares en ingresos. Los rusos se lo prestan, pero quieren unas cuarenta mil hectáreas del territorio nacional, quién sabe para qué, y a Chávez no le queda otro remedio que entregarlas. Así de mal está Venezuela.
No las toma de las que tiene ociosa el Estado, o las opulentas tierras tomada por la familia real, sino que carga contra el Zulia para cobrarles los sucesivos rechazos. Un país que producía alimentos y que ahora importa hasta las caraotas que se come, ve como las tierras productivas de la Zona Oriental del Lago son tomadas a la fuerza, con un funcionario caricaturesco, el ministro Loyo, quien sin ningún sentido del ridículo, obsesionado por halar mecate, se presentó con un revolver al cinto, retratando a los cuatreros de ayer. Como los dueños de finca no se dejan, Chávez los acusa de todo, es cuando habla Noel Álvarez.
El hombre no llamó a una revuelta, ni a conspirar, tan sólo dijo que esa tomas eran ilegales. Como lo es todo robo a punta de pistolas, donde no media un tribunal, un fiscal y un juicio. Chávez necesitaba tomarlas porque Rusia se lo exige, y las robaron a la fuerza. Inventan palabras para describirlo, como si no viéramos que desde que comenzaron a robarse el trabajo de otro no hay ni comida en los abastos y todo debe se importado de los oligarcas capitalistas de Brasil y otras regiones. ¿Qué dijo Noel Álvarez? Que nadie debe obedecer una orden ilegal, porque ello se convierte en un delito, un crimen, y que todo crimen debe ser enfrentado luego ante los jueces, como fue hace dos mil años y como es ahora. Dijo Noel Álvarez que ningún militar podía decir mañana que no es responsable de lo que hizo, ya que obedecía ordenes. Les recordó que eso no sirve de defensa frente a los tribunales internacionales.
Por esas palabras, Chávez quiere verlo destruido, vejado, encarcelado, y para ello ordena se mueva todo el aparato del terror que alegremente llaman justicia revolucionaria. Es así de sencillo. Aunque la medida es aberrante, y difícil de explicar o justificar, no extrañaría que se cumpliera. La misma Luisa Ortega, Fiscal General del Chavismo, sabe que tiene demasiadas cosas por las cuales responder en su momento cuando le toque enfrentar a sus jueces. También a ella le es difícil abandonar el barco que se va a pique como el Titanic.
JC.
